Salimos un poco más tarde de lo planeado. En el fondo, el cansancio se va acumulando. Fuimos de subte hasta Oculus, la estación diseñada por Santiago Calatrava. En realidad, aquí llegan trenes y subtes y también funciona un centro comercial. Según Calatrava, la imagen de la estructura nos recuerda a un pájaro liberado de las manos de un niño. Su idea era transmitir esperanza a la ciudad de Nueva York.



En el espacio exterior de la estación, hay tres esculturas de bronce de Gillie and Marc. La gente hace fila y se sube a las esculturas sin analizar mucho de qué se tratan. Confieso que me crispa un poco la energía que las personas destinan a posar y sacar fotos sin ver o analizar nada. Entiendo que los artistas quieren alertar sobre la necesidad de preservar la vida silvestre y lo hacen desde una visión lúdica. Personalmente, me encantaron las tres obras.



La próxima parada fue una rápida visita al Monumento que recuerda a las casi 3000 personas que perdieron sus vidas el 11 de septiembre de 2001 y a la enorme cantidad de heridos. Donde se encontraban las Torres Gemelas hay dos enormes piletas con bordes de bronce donde están grabados los nombres de víctimas. El espacio está rodeado de árboles y parece estar aislado de la locura del resto del barrio.
Nuestra caminata nos llevó por la antigua Bolsa de Valores de los Estados Unidos, la Iglesia de la Trinidad, la Bolsa de Valores de Nueva York, la escultura de la Niña sin miedo y el famoso Toro de Wall Street.







Seguimos caminando hasta Battery Park, frente al puerto de Nueva York. De ahí sale el ferry a la isla de Staten. La idea era ver la estatua de la Libertad de cerca, sin tener que visitar la isla. El ferry es gratuito y sale cada 30 minutos. Es un recorrido de unos 20 minutos. Al llegar a la isla, basta salir del puerto para dar en un centro comercial. lmorzamos allí y visitamos los locales. Había poca gente y eso, para mí, es un alivio.


El viaje de vuelta fue muy tranquilo. A las 17 h, todavía hay mucho sol. Decidimos caminar por la costanera del río. Llegamos al Pier 15 y nos sentamos en unas reposeras de madera. Todo es muy limpio y organizado y hay diversos restaurantes y bares en la zona. Del otro lado, se veía Brooklyn. Nos pareció interesante cruzar el río nuevamente como parte del camino a casa, ya que estábamos lejos de cualquier estación de subte. El servicio cuesta 4 USD por persona y faltaban como 30 minutos para que saliera el próximo barco. Lo cierto es que un empleado nos llamó y salimos casi que al instante. Nos sorprendió que hubiera muy pocas personas abordo pero antes de que nos diéramos cuenta, ya estábamos del otro lado. Un placer.


Desde el centro de Brooklyn todavía tuvimos que caminar bastante hasta el subte. Queríamos pasar por el supermercado antes de llegar al departamento y precisábamos tomar otra línea. Este tramo final fue todo un desafío porque a esta altura del día, estábamos super cansados y el calor no ayudaba. Desde el supermercado, terminamos pidiendo un Uber. Los choferes son super serios y no te dan charla. No reclamo, es apenas una descripción. 😉