El vuelo de Bogotá a NYC no fue tan feliz como el primer tramo. El servicio de Delta fue impecable pero, en la lucha entre el cansancio y el espacio, gana el cansancio. El proceso de migraciones y retiro de las valijas es muy dinámico. El día está nublado en la ciudad y todos vamos en silencio en el transfer. Vamos enfilando para Brooklyn con una mezcla de incertidumbre y curiosidad. Cuando llegamos a destino, no tenemos las instrucciones a mano entonces, tratamos de llamar por teléfono a nuestro contacto. Ring, ring, ese número no existe. Hmm, no es posible. Vamos de nuevo usando otro celular. Ring, ring, ese número no existe. Respira, respira. Empecemos de nuevo. ¡Ufa! Está faltando un número. Mandamos un mensaje por WhatsApp al anfitrión y el «escribiendo» demora más de lo que los nervios aguantan.
Yupi, el anfitrión nos libera los códigos para que podamos entrar al departamento antes de la hora oficial de checkin. Después de un par de intentos, entendemos el sistema y voilà, entramos. El departamento es sencillo pero todo es igual a la foto. Estamos literalmente agotados. La idea es salir a tomar el desayuno en algún lugar. Decidimos ir directo a Brooklyn.
El departamento queda a unas cuantas cuadras de la estación de subte. Es domingo a la mañana y hay poca gente en la calle. El barrio es bastante tranquilo, algún que otro vecino charla en la vereda y nos van diciendo: «Buenos días». En la estación de subte compramos el pase semanal y listo… a aprender a usar el sistema de transporte local.
30 minutos después llegamos al centro de Brooklyn y sí, parece que estamos en un set de filmación. ¿Cuántas películas y series ya viste con estos puentes emblemáticos? Parece mentira que tengamos tanta familiaridad con este lugar, sin jamás haber puesto un pie aquí. Desayunamos en Zaruma, un café chiquito en DUMBO (Down Under the Manhattan Bridge Overpass). Muchas personas hablan español (turistas y locales). Hace mucho calor y estamos con ropa inadecuada pero ahora, no hay nada que hacer. Caminamos, sacamos fotos, descansamos… El río Hudson está agitado y las balsas se sacuden un poco. Seguimos caminando y descubrimos cómo subir al puente de Brooklyn. Una vez que subimos, Filipe nos desafía a cruzarlo. Creo que está haciendo una broma y seguimos. Seguimos y seguimos. Del otro lado, del puente, estamos en Manhattan, ¿y ahora? Google Maps es el compañero ideal. Nos dice cómo llegar de nuevo al subte y volvemos al centro de Brooklyn para comer en TimeOut Market. Hay mucha gente. Demasiada. Es difícil encontrar lugar para sentarnos. Subimos al segundo piso y esperamos hasta conseguir una mesa. ¡Ufa!
Después del almuerzo tardío, pasamos por el supermercado y tomamos un Uber para volver al departamento. El viaje dura unos 25 minutos. La calidad de los Uber es increíble.
Cuando llegamos al departamento, estamos sin batería (literal) y nos damos cuenta de que no tenemos suficientes adaptadores. Podemos cargar un teléfono pero no las computadoras.
Los chicos y yo resolvemos ir a Best Buy a comprar un adaptador. Ducha y de nuevo a la calle. Es una locura salir de nuevo. En Best Buy no conseguimos mucho. Hubo liquidación y todo parece depredado. Los empleados están de malhumor y quieren irse, no nos dan mucha atención. Conseguimos un adaptador y nos vamos. Pasamos por otro local y entramos solo a mirar. Resumiendo: nunca es solo para mirar. Una hora más tarde, caminamos bajo la lluvia unos 500 m hasta un restaurante a comprar pastas para llevar a casa y volvemos al departamento. Ya son casi las 22h y llueve.






