Día 1 (05/03) y Día 2(06/03): Desesperación en Migraciones

Todo empezó temprano. Muy temprano, en realidad. Después de haber ido a dormir tarde, preparando la valija, despertarse no fue fácil. A las cinco y cuarto de la mañana me preparaba para el viaje y para las primeras clases del año de la universidad. Justo después de salir y llegar a la PUC, tuve dos clases de Ingeniería Mecánica. Seguidas las cuatro horas de mecánica de fluidos 2 y de elementos de máquinas, en las cuales fue muy dificil concentrarse, porque la emoción era gigante para la aventura que empezaba apenas a las 15.

Hicimos los ultimos preparativos y a las 15 el camión pasó para buscar las nuestras valijas y cajas que llevaban items personales y todas las partes del avión. Varios padres de los chicos del equipo vinieron a ayudarnos a llevarnos y a despedirse del equipo en el aeropuerto.

Todo pasó increíblemente bien. Llegamos a las 15:40 al Galeão y con mucha antecedencia porque el nuestro vuelo salía de Río a las 21:30. Qué locura, pensar que hace unos meses soñábamos y pensábamos cómo todo iba a suceder, y a ahora todo ocurre, todo sale del papel, de nuestras ideas. Era a partir de ahora que los imprevistos iban a jugar con nosotros.

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Cuando todo aparentaba simple

Estuvimos juntos para la aventura que empezaba, nosotros de Aero y algunos padres. Esperamos por bastante tiempo, unas 2h30 para empezar a hacer check in al vuelo. Muchísima antecedencia. En el entretiempo, llegaron otros que venían directo al aeropuerto y cuándo estaba el grupo completo, los padres nos sacaron fotos, orgullosos del momento por el que estábamos pasando. Eran fotos bastante interesantes, si uno puede decirlo así. La madre de Manoel, la más animada, nos hacía posar gritando «Ahora, en media luna», «Ahora con las manos para arriba» y «Griten, ‘AeroRio'». Nosotros nos reíamos a carcajadas, tratando de seguir sus órdenes, aunque con resistencia. Era genial como ya empezaba nuestra aventura, con nervios, pero con risadas felices que no podíamos contener. También hicimos algunas últimas organizaciones entre valijas y entre cajas, para ver si no pensaban tanto o si nos olvidábamos de algo. Al rato, despachamos nuestros volúmenes. Las personas y los funcionarios miraban de reojo nuestras cajas, pensando en lo que podría haber ahí adentro. Tuvimos suerte, apenas una de las valijas fue como oversize cuando creíamos que iban a ser dos, menos mal… El presupuesto del equipo siempre estuvo apretado, así que cuanto menos gastos innecesarios mejor para nosostros. Con las valijas despachadas, nos fuimos a las puertas y nos despedimos de todos incluso de Alef, que no pudo venir, para tristeza de todosy marchamos rumbo a nuestra aventura. Teníamos tiempo, así que pudimos comer y aprovechar los facilities del aeropuerto, creo que nunca había pudido hacerlo, siempre llegué on time, pero el tiempo de sobra fue lo que nos faltó para los siguientes días. El modo hard como decimos todavía no había mostrado su dificultad máxima.

Esperamos, hicimos una leve merienda, leímos, caminamos por el terminal y embarcamos. El vuelo tardaba ocho horas hasta Miami entonces había tiempo, observen como destaco eso. Unos veían pelis, otros descansaban y yo leía, pero íbamos todos juntos y conversábamos de vez en cuando.

Seguidas las ocho horas de un vuelo muy cansador, llegamos a Miami y nos reunimos justo en la salida y nos reunimos justo en la salida del avión. Lili se había olvidado de unas cosas en el avión, así que estuvimos esperando a que pudiera resolver su tema. Un problemita que no era nada comparado a lo que empezaba a pasar. Éramos 16. Juntos salimos hacia Migraciones. Todo muy automatizado para lo que recordaba. En las máquinas, presentamos nuestros pasaportes. Para algunos, como yo, las máquinas no nos aprobaron y tuvimos que ir a la cabina para la entrevista. Los otros fueron directo hacia la salida. Los que fuimos a las cabinas hicimos una fila y esperamos por nuestros turnos. Matheus era anteúltimo. Yo hice mi entrevista y los otros también. En la salida de Migraciones, el resto del grupo nos esperaba. Éramos 15. Ni una señal de Matheus. Creyendo que él ya había pasado directo, fuimos a buscar nuestras valijas. para que tengan una idea, éramos 16 y teníamos dos cajas/valijas cada uno. O sea 32 valijas, un montón. Ya nos habían separado las valijas, de tanto que tardamos en Migraciones, esperando a Matheus, pero ni una señal de él. La tensión aumentaba a medida que el tiempo escaseaba y las cosas iban desorganizándose. Decididimos esperar una media hora más, para que Matheus apareciera, pero era una decisión que todos teníamos miedo de tomar. Los guardias nos recomendaron salir y dejar las valijas de Matheus (una era una de las cajas de herramientas). La confusión era total. Abrimos la caja y sacamos cosas que nos pudieran ser importantes, caso Matheus no llegara a tiempo o si simplemente no venía. Decidimos avanzar… Matheus tenía una justificativa para él mismo, nosotros no. Unos llevaban tres o cuatro valijas, otros ni una. La probabilidad de perder algo era increíblemente alta. Los que no tenían nada, como Larissa, Bruna, Manoel, Vivi, etc. seguieron camino, pero ellos no sabían dónde estaban sus valijas, nadie sabía de nada en realidad, sólo sabíamos que teníamos que seguir avanzando. Los que teníamos valijas y cajas fuimos forzados a pasar por Aduana y nos revisaron todo. Abrieron todo y analizaron todo. Nos preguntaron sobre el contenido de nuestros volúmenes. Era realmente extraño. Un grupo de chicos vestidos iguales llevando cajas raras. No fue fácil, estábamos con menos uno y miles de valijas, y encima nos fuimos separando en pequeños grupos, lo peor que nos podía pasar. Despachamos las valijas, las que cada uno podía llevar. O sea a medida que cada uno pasaba, del equipo, dejaba las valijas que tenía en manos. Así que nos sabíamos si nuestras valijas y las de Aero realmente habían sido despachadas. Tremendo, todavía teníamos límite de tiempo. Teníamos 1 hora y 1 fila gigante para pasar por los rayos-X, y con la preocupación estúpidamente gigante de no saber dónde estaban los otros y principalmente, Matheus, que ni sabíamos de su paradero. No había otra, hicimos la fila, había que avanzar porque si llegábamos tarde y perdíamos el vuelo, tendríamos que pagar $200 por persona. No era un opción.

Después de la fila pesada cargada de turistas ansiosos para visitar a Mickey y hacer sus compras, salimos y tuvimos una leve sensación de alivio. En pequeños grupos volvimos a reunirnos parcialmente. Miramos los relojes y notamos que estábamos relativamente lejos de la puerta. No hubo otra, buscamos nuestro Forrest Gump interior y corrimos como nunca hacia la puerta. Fueron unos 5 minutos de corrida frenetica y contínua. Al llegar tuvimos nuestro primer alivio. Bruna, Larissa, Vivi, Marçano, Manoel estaban «tranquilamente» esperando por nosotros en la puerta. Volvíamos a ser 15. Nada de Matheus. Cuando nos reunimos y pudimos aclarar las ideas, discutíamos quién fue con quién y qué valijas llevó. Claro, lo de Matheus seguía un misterio sin fin. Los desafíos no paraban de surgir. A los 20 minutos nos llamaron y fuimos los 15 hacia el nuestro avión. Sentados en las butacas del A321 hacia Orlando, discutíamos que íbamos hacer con la situación de Matheus. Llegamos a pensar qué estaría haciendo, a punto de creer que podía haber sido deportado. Los que pudieron, descansaron y esperamos para llegar en la tan adorada (o no) Orlando.

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De Miami a Orlando sin saber donde estaba Matheus

Cuando llegamos al aeropuerto, recibimos el mejor mensaje del día. Matheus nos había mandado un audio diciendo que había sido liberado de una invetigación aleatoria de 3 horas y tuvo que tomarse un vuelo más tarde, así que lo encontraríamos en breve y volvíamos a ser 16. Por lo menos, estábamos juntos. Fuimos hasta las cintas a recoger las valijas y seguimos hasta la plaza de alimentación para poder descansar y esperar a Matheus y buscar los autos que alquilamos.

Estábamos todos muertos. Yo hasta que había dormido considerablemente bien así que estaba bastante bien de sueño. Giovanna al rato que llegamos se acostó en un sofá y durmió directo. Otros resistieron un poco más como Lucas, Pizzaia y Erik, pero se rindieron al cansancio. Para pasar el tiempo, jugamos Uno como nunca, con Papa siendo la víctima de ataques malignos de todos. Otros paseaban por los locales del aeropuerto. A las 10, Matheus llegaba y nos reuníamos finalmente. Almorzamos, más Uno multitudinario, esperando a que el tiempo pasara porque el check in en la casa era sólo a la tarde.

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Papa sufriendo en el Uno

Seguidas unas horas, la comitiva siguió como una procesión hacia los autos que alquilamos. Un largo rato para que el papeleo pudiera terminar. Habíamos alquilado 3 autos, con los drivers Larissa, Lucas y Pizzaia. Cuando Renan y Eduardo llegaran tendríamos un auto más, pero hasta entonces, íbamos con 1 auto, el de Pizzaia, con todo el cargamento de valijas y cajas, verdadero juego de Tetris en el nivel más complejo, los otros íbamos en los otros dos autos. Era un Toyota rojo, un Dodge blanco y un Chrysler blanco (megatecnológico, hasta se estacionaba solo!!) Fuimos llenos y apretados pero era mejor juntos que separados.

Con los autos empezamos a llevar la comitiva AeroRio hacia Davenport donde quedaba la casa, que alquilamos con poca seguridad. El viaje fue levemente largo principalmente porque las dudas empezaban a aparece: ¿Qué hacer? ¿Qué mirar? ¿Dónde dormir?

Después de 1h 30, con varias paradas buscando compras/paquetes en los Amazon Locker llegamos al 830 Ballyshannon Drive, dirección de la casa. Para abrir la casa teníamos que poner una contraseña, la que nos habían mandado estaba mal, pero Giovanna tuvo alguna ayuda divina (o que les explique cómo consiguió hacerlo) para no decir suerte y consiguió poner la contraseña correcta. Una suerte y alivio, ya estábamos pensando en dormir en los autos.

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Una foto que aparentaba que la casa era linda… Resultó ser todo una mentira

Entrando en la casa dimos nuestras primeras opiniones. Era una casa grande. En la entrada había un living con dos mesas para comer y algunos sofás, donde decidimos que iba a ser el lugar de construcción del avión. Siguiendo adelante desde la entrada estaba la cocina y un otro living, lugar para convivencia y entrenamiento de la presentación. Al lado de la cocina quedaba la pileta que estaba más verde que el pasto que la rodeaba. Nada adorable como en las fotos. Nuestro host, el famoso Jin, era un tanto cuanto descuidado con los huéspedes. No nos respondía los mensajes y cuando lo hacía, era con un vigoroso «Yes to all«. Muy informativo. Además, la casa tenía varios problemas de muebles rotos o increíblemente desgastados o de infiltraciones, sin decir que la casa era malísima por si sola, dejó atrás muchas expectivas.

Con las valijas adentro, Marçano y Vidigal hicieron un conteo de las habitaciones y organizaron dónde todos iban a dormir. La mía era la del piso de abajo y compartía con Thiago. Era la peor de la casa, como decíamos, pero por lo menos teníamos las camas más confortables. Las chicas estaban en dos de las habitaciones de arriba. El team Electronica quedaba en un habitación, Eduardo en una separada y los otros se fueron disponiendo en habitaciones que les pareciera buenas, claro, siguiendo la organización de Marçano y Vidigal.

Decidimos dejar todo y ir a comer porque estábamos todos medio cansados y todavía teníamos que ir a Wallmart para comprar providencias para la casa, como comida para el desayuno, artículos de limpieza, agua, etc. Fuimos a un restaurante cerca (IHOP) y pedimos una mesa para 20 personas. Todos reunidos, con Renan y Eduardo incluidos, que llegaron al rato que nos habíamos sentado en la mesa. Nos reíamos de las situaciones y los desafíos que pasamos. Qué bueno era estar con todo ese grupo, seguramente vendrían días increíbles.

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Juntos finalmente

Llegamos a la casa y fuimos a dormir, estábamos todos muertos y decidimos armar el avión mañana.

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