Después de un larguísimo cruce por el desierto, este día fue una forma de descansar en el intermedio de dos tramos que eran muy largos. El de ayer sumó muchos kilómetros que superamos los 9000, por la Argentina y los 10500 desde Porto Alegre donde comenzó todo. Básicamente, hasta el punto final nos faltan 600 km, un estirón plano por las planicies de La Pampa y de Buenos Aires. Amanecimos más tarde de lo normal. El día, al contrario de ayer, que estaba limpio y soleado, estaba nublado y apenas me desperté, se levantó una tormenta con rayos incluidos. Todos pensábamos con lo que Gonzi nos iba a decir porque le habíamos prometido ir a la pileta y hacer varias cosas. Era día libre, entonces no había mucho problema con horarios. Nos vestimos y fuimos a tomar el desayuno. Agus y Mamá fueron a buscar los horarios y informaciones sobre el spa porque ya pretendían hacerlo desde que salimos de la Quinta. Más o menos a las 10.00 h, la lluvia ya había parado y las nubes se dispersaban. Bueno, a las 10.30 h, como Gonzi estaba aburrido, Papá organizó jugar al paddle. El hotel era bastante simpático. La pileta, gigante, hay muchos salones de fiesta, canchas de tenis, volley, fútbol y paddle. Muy variado. Papá y Gonzi fueron primero, pero como todas las cosas de recreación sólo abrían a las 12.00 h, consiguieron apenas dos raquetas y encontraron una canasta llena de pelotas. Así, empezaron a jugar. Agus y yo llegamos al ratito. Como estaban jugando tranquilos, esperé que terminaran y ahí entre. Jugamos Gonzi y yo un ratito, diferente del tenis pero más rápido y más divertido, creo. Gonzi no le iba muy bien, pero a veces tiraba unas bolas capetas, profesionales. Al rato se cansó. Fue a buscar a Mamá para poder ir a la pileta. Fue, volvió… Fue y volvió…. No la encontraba. En ese entretiempo, Papá y yo jugamos como los viejos tiempos. Como Gonzi ya estaba desesperado y insistente, Papá fue con él y juntos fueron a buscar a las dos. En ese ínterin, me quedé jugando con la pared, esperando al resto. Los cuatro volvieron después de organizar lo del spa, Papá volvió a jugar conmigo y Agus, Mamá y Gonzi nos quedaron mirando por unos 15 minutos y después se fueron para la pileta. Papá quiso jugar más un rato, sudados y con calor insoportoble, fuimos a la pileta también. El hotel estaba vacío a aquella hora. Nadie en la pileta. Obviamente, eran las 12.00 h, quién es loco para tomar sol y aprovechar la pileta bajo el fuerte sol pampeano. El cielo se había despejado espectacularmente. Ni una nube. El viento cesó y día estaba fantástico. Aprovechamos la pileta y quedamos ahí descansando, recordando el viaje que estaba llegando al fin. Quedamos un rato hasta que llegó la hora del almuerzo. Agus tenía marcada su sesión del spa a las 15.30 h y Mamá a las 16.15 h. El sol nos quemaba pero ni nos dimos cuenta. Comimos ahí en el jardín y aprovechamos el día.
Agus después fue a su sesión y Gonzi, Papá y yo nos quedamos descansando en la habitación. Después Mamá fue a su relajación y vimos pelis en el tiempo libre. Descansamos más y más.
A las 22.00 h, todos relajados y descansados fuimos a comer. Pastas para todos. Estuvo bien y recordamos nuevamente el viaje y dimos nuestras opiniones Decidimos salir temprano, pero sabemos que eso nunca pasa. Volvimos a las habitaciones y ya nos organizamos para mañana, Agus y yo por lo menos, no sabíamos cómo estaba la situación en la otra habitación.
Mañana va a ser nuestro último tramo de la Expedición Patagonia y los últimos kilómetros en la Argentina, todavía tendremos kilómetros hasta Porto Alegre, pero nos despediremos de las rutas argentinas. Veremos lo que será mañana en la llegada a Buenos Aires.