16/01/16 – Villa La Angostura – Pedaleando por Angostura

Salida: 11.00 h – Llegada: 18.00 h – Distancia: 76 km – Total acumulado: 8036 km
Villa La Angostura nos recibía en nuestro día de descanso con nubes. Agus y yo nos despertamos a las 8.00 h y vimos un poco de tele, después de bañarnos etc. Gonzi, como siempre, tardó un poco más para despertarse. Esperamos a Papá y Mamá que se prepararan y a las 9.40 h estábamos yendo a desayunar.

Como no había un plan definido tardamos en salir, y, por lo tanto, a las 12.00 h, fuimos al pequeño centro de Villa La Angostura.

La pequeña ciudad está en la Ruta de los Siete Lagos y es una simple localidad, exclusiva, fuera del movimiento agitado y comercialista de Bariloche. Villa La Angostura es un destino muy indicado para los que quieren algo diferente de Bariloche, sin embargo, es más caro.

Fuimos de auto desde el hotel, Marinas Alto Manzano, hasta el centrito de La Angostura. Paramos para ir al cajero y de paso ir caminando por las calles de Villa La Angostura. La avenida Los Arrayanes linda y organizada con muchos locales simpáticos y interesantes. Con bastante tráfico, y gente también conociendo esta localidad, nos gustó mucho el pequeño paseo por la ciudad. Es simple y calmo. El tema que nos dejo decepcionado fue el clima, que no era culpa de la ciudad.

Como no había programa, me había surgido, hace un tiempo, andar de bici y como Gonzi, estaba de aburrido, se coló a la idea y la fijó. Y bueno, teníamos esa idea, de conocer un poco de Villa La Angostura encima de lo yo llamo de «flaquitas» o «magricelinhas». Seguimos caminando y vimos varios locales de alquiler de bici. Como ya era la una, decidimos ir a comer. En el camino, Papá paró e hizo fila para conseguir info sobre los paseos de bici en La Angostura. Con los mapas en mano, Papá descubrió varios posibles paseos de bicis. Uno que iba hasta el Puerto y otro por la bicisenda de la avenida Nahuel Huapi. Ambos paseos bastante recomendados y de corta duración.

Caminando por el centro, vimos al pequeño resto-bar El Viejo Fred. Muy simpático y bueno, pero un poco caro. Como fue algo rápido, salimos caminando buscando el local de alquiler de bicis.

Había uno en la propia Avenida Nahuel Huapi: Bayo Abajo. Preguntamos por una bici para Gonzi y había, medio pequeña, pero le había gustado. Aceptó sin problemas. Cuando Agus vio que había que usar casco, se bajó del programa y Mamá ya se había bajado, por la cuestión de un posible dolor de rodillas y realmente, las bicicletas tienen ese punto en contra, necesitan mucho esfuerzo de las rodillas. Entonces, los ciclistas éramos Gonzi, Papá y yo. Decidimos ir por la bicisenda para que no hubiera problemas con Gonzi. Nuestras bicis eran buenas. Sólo el casco es que no era necesario, pero bueno.

Salimos y la bicisenda comenzaba con una subida. Para Papá y yo fue simple porque teníamos cambios pero a Gonzi cada pedaleada era un esfuerzo enorme. Encima, como la bici era chica para el, tenía que hacer mucho esfuerzo para andar un poquito, además andaba sin marchas. Subimos por unos 20 minutos, hasta que Gonzi se cansó. En la subida, me reclamaba y yo relataba a Mamá y Agus lo que iba pasando, porque nos seguían, andando.

Hubo un momento que Gonzi desistió y esperó a que Mamá y Agus nos alcanzaran, para poder volver y descansar. Como todavía teníamos unos 40 minutos para andar, Papá y yo decidimos acelerar para aprovechar el paseo. Ellos tres volverían para comprar unas cosas en el súper, y devolver la bici de Gonzi. Iba a ser bajada, no habría problema.

Así, seguimos Papá y yo en la bicisenda. Después del punto donde dejamos a Gonzi, la subida seguía un poco y después hacia una bajada impresionante. Sin mover un músculo, bajamos tranquilamente y conseguimos ganar una cierta velocidad y anduvimos usando apenas los frenos, aunque no estaban tan bien como esperábamos. Bajando a alta velocidad y evitando los obstáculos llegamos en cinco minutos al final de la bicisenda. Son esos cinco minutos que a mí me encantan, disfrutando del camino y del paisaje.

Volvimos por el mismo camino, pero ahora en subida. Papá ya estaba sintiendo los golpes del cansancio. Yo iba tranquilo todavía. Llegamos relativamente rápido al final de la subida. La subida cansadora de Gonzi se transformó en una bajada poco inclinada. Comenzamos a ganar velocidad otra vez. Los obstáculos que antes eran árboles, piedras o cosas del tipo ahora eran personas. Íbamos rápido evitando posibles choques. En la bajada, frené para que Papá me alcanzara, pero su espíritu competitivo ni pensó, me sobrepasó y continuó barranca abajo acelerando. Yo iba atrás a una distancia segura de él. En cierto momento, había unos skaters que estaban practicando sus maniobras en la bicisenda. Papá, veloz, pasó rápido por ellos y casi se llevó puesto a uno . Yo pasé y pedí las debidas disculpas.

20160116_150214.jpgLlegamos rápido al local de las bicis y todavía nos restaban veinte minutos más. Como no veíamos a los tres, Gonzi, Mamá y Agus, decidimos andar un poco más. Seguimos por la avenida Los Arrayanes, en dirección al puerto. Ya no había una bicisenda, entonces caminamos por la calzada agujereada. Yo ya estaba acostumbrado por los malos caminos de Rio de Janeiro, pero Papá no tanto, iba lentamente evitando los obstáculos.

El camino hacía un giro a la derecha y después subía en una pendiente considerable. Papá decidió continuar. Subimos y subimos, pero Papá ya había alcanzado su tasa de esfuerzo máximo. Realmente, era una pendiente muy inclinada para quien andaba de vez en cuando en Rio. En cierto momento, como Gonzi, dijo que ya no aguantaba más. Me sugirió que yo anduviera un poco más y que nos encontrábamos al ratito en el local de las bicis.

Bueno, sólo traté de andar lo más rápido posible para no tardar tanto. La subida continuaba por unos 400 metros más, hasta que llegaba a una parte plana y seguía así unos 500 metros. De ese punto en adelante, el camino descendía bruscamente por curvas y contracurvas cerradas hasta el Puerto, que estaba en el final del camino. Observación, el camino del cual estoy hablando es la propia calle, la vereda estaba muy mala para andar. Descendí a toda velocidad. Genial, andando a la misma velocidad de los autos o más, usando apenas la gravedad como acelerador. Rapidísimo bajé. Los frenos aguantaron bien la bajada, pero dudé de ellos en ciertos momentos. Para los que no saben, uno de mis hobbies favoritos, si es que lo puedo llamar así, es andar de bici. En Rio de Janeiro, hay caminos muy buenos y malos para recorrer la ciudad, otro tip para los que un día vayan. Nada mejor que andar de bici por aquellos paisajes fantásticos. Papá siempre llamaba a los ciclistas que iban por la ruta de locos, porque hay muchos que hacen el camino que nosotros hicimos (un tanto menos) pero de bici, pero yo los llamaría de visionarios. La bici tiene algo más que el auto. Puede no ser rápida, o cómoda como el auto, pero te conecta al lugar mucho más que el primero. Uno se siente parte del lugar, cuando siente el viento, fuerte o no, el agua, de la lluvia o no, o la temperatura, fría o caliente. La bici, al contrario del auto no te deja aislado del ambiente. Obviamente, es solo una opinión, otros pueden decir lo mismo sobre caminar, etc..

Al final de la mega bajada, estaba el puerto y la entrada al Parque Bosque Los Arrayanes. Hay un sendero, accesible pero no tenía tiempo de explorarlo. Volví. La bajada impresionante, otra vez se transformó en una subida magnífica y de caer lágrimas, de tristeza. Bajé todas las marchas y subí con todo. Cuando había un lugar para parar, tomaba aire y continuaba la subida. Muchos subían caminando con sus bicis, yo no podía hacer eso. Seguí pedaleando, hasta la cima y después relajé con la bajada que se venía, pena que el día estaba tan nublado, porque si estuviera despejado, sería un paseo muy bueno.

Rápido llegué al local de las bicis. Papá me esperaba ahí y cerramos el negocio. Ellos habían andado una hora y yo una y media. El paseo estuvo bueno. Haría otra vez en otros lugares. Después de pagar y todo lo demás, encontramos a Mamá, Agus y Gonzi.

Ellos se habían ido al súper. Gonzi, arriba de la bici, bajó a toda velocidad también. Casi mató a algunos peatones, pero no hubo accidentes. Compraron cosas para nuestro desayuno de mañana porque como estábamos en el loft, el desayuno no estaba incluido, entonces compraron algo para nosotros tres.

Volvimos al auto y después al hotel, pero Papá quiso pasar por donde anduve de bici, para concoer el puerto y nuevamente hice el camino que había hecho de bici, ellos recién conocían el lugar. Ahora miré con más detalles y comenté cosas con ellos. Al volver al hotel, descansamos un rato. Gonzi tomó baño en el hidromasaje. Agus quería relajarse sola, pero Gonzi se le había adelantado y le arruinó los planes, enojada terminó sin bañarse.

A las 21.00 h, fuimos a comer a Cook otra vez porque Papá le había prometido al señor, que creemos que se llama Walter, que íbamos a comer algo más contundente hoy. El señor nos sugirió varias cosas. El guiso de lentejas, ravioles de trucha y el Goulash Mit Spätzle. Papá y yo fuimos por los ravioles. Mamá por el guiso. Y Agus por el Goulash. Gonzi iba por un poco de cada.

El señor muy simpático otra vez y la comida muy rica otra vez. A Agus le encantó su plato germánico, austro-húngaro. El mío y el de Papá también estaban muy bueno. Y el de Mamá también.

Comimos rico y nos despedimos del señor, que nos saludó muy amablemente y amistosamente. Muy bueno, sugiero para los que visiten Angostura. Volvimos al hotel y vimos una peli, Marley y yo, Agus, inclusive, le agarró ataque de tristeza porque ya sabia el final, pero igual lloró.

Mañana seguiremos camino hacia Neuquén, último destino en la Patagonia. Nos despediremos de esta fantástica regiónPatagonia. Más aventuras para mañana.

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