15/01/16 – Esquel – Villa La Angostura

Salida: 10.00 h – Llegada: 16.30 h – Distancia: 480 km – Total acumulado: 7960 km

Esquel - Villa La Angostura - Total

Como siempre, nos despertamos más tarde de lo que deberíamos. Hoy era otro día de ruta; más o menos 370 km, de Esquel hasta Villa La Angostura.

A las 8.30 h, nos traían el desayuno a la habitación. Todos estábamos listos para comer, pero Papá se había ido al Quincho para ver si se conectaba y resolvía algunas cosas. Otra vez, nosotros cuatro ya teníamos todo listo, y sólo estábamos esperando tranquilamente, mirando tele. Obviamente, el tiempo iba pasando; Papá volvió a la habitación e hizo todo su ritual de vestirse, bañarse, etc. En su tiempo, sin problemas. Cuando terminó ya era la hora de guardar; se puso nervioso con nosotros porque también estábamos tranquilos, pero eso ya es normal. Guardamos las cosas y partimos en dirección al nuevo destino.

Papá quiso llenar las gomas de la VeraCruz y después fuimos a la Hoya, centro de esquí famoso acá en Esquel. Quedaba unos 13 km fuera de la ciudad en ruta de ripio. Curvas y contracurvas hasta el final. Ninguna alma penada por el camino. Cuando llegamos al final, observamos la estación de esquí. Como si estuviera abandonada. Nadie… Nadie. Subimos a la boletería y nos dicen que está abierto para subir y ver. Bueno, Papá compró las entradas y fuimos a subir en las aerosillas. Una de las cosas a las cuales tengo mucho miedo son las cosas suspendidas. Las aerosillas, por ejemplo. Encima, entrar y salir de la aerosilla es raro y peligroso. Pero bueno, subimos. A medida que íbamos subiendo, la temperatura disminuía y el viento aumentaba. Agus me iba hablando sobre las técnicas de aerosillas y todo el universo del esquí. Después de varios minutos ascendiendo a la cima, llegamos y salimos violentamente de las sillas.

En la cima, una señora fotógrafa, nos saca fotos, probablemente para venderlas después, y nos cuenta sobre la estación, y lo que podíamos hacer. Nada, obvio. Había un sendero, pero no estábamos preparados para nada. Encima yo estaba de bermuda, creyendo en el consejo de Papá, y me estaba muriendo de frío. Caminamos y vimos la vista, linda, pero nada grandioso. Al rato, volvimos a bajar porque no había nada qué hacer y volví en la aerosilla con Mamá. Tranquilamente, la temperatura fue aumentando hasta una sensación soportable.

Volvimos al auto después del paseo nada necesario.

Continuamos por la ruta 40, ahora con muchos más árboles, vegetación y tráfico. Muchos autos que paseaban lentamente por la ruta, nos hacían desacelerar. Obviamente, Papá se ponía nervioso y quería dar sus lecciones de manejo defensivo (para mí, algo agresivo). Y así fue el camino, tranquilo, pero la ruta estaba bastante mal, con muchos agujeros y peligrosas lomas. Paramos en El Bolsón para comer. Comimos en La Marca, muy rico. Sólo el mozo fue una cosa graciosa porque Agus lo analizaba con si fuera un potencial pretendiente. El almuerzo fue rápido porque teníamos que volver a la ruta para hacer 200 km.

Cuando salimos, Agus nos avisó que tenía ganas de ir al baño y Papá le preguntó si aguantaba, y la respuesta fue positiva. Seguimos camino. La ruta 40, en esta región, es conocida como la Ruta de los 7 Lagos. Creo que es el tramo más fantástico de la ruta 40. Nosotros ya lo habíamos hecho en viajes anteriores y todos los que quieran visitar Bariloche, Villa La Angostura o San Martín de los Andes no pueden dejar de hacer ese paseo. La ruta es muy buena, especial para quienes vienen para hacer turismo.

Seguimos camino, subiendo y bajando las montañas, por la fantástica ruta. Pena que el tiempo no ayudó porque cuando el sol brilla es extremamente lindo. A 70 km de Bariloche, Agus avisó que las ganas habían aumentado. Como íbamos a pasar por afuera de la ciudad, Papá decidió parar en el aeropuerto de Bariloche, dijo que no había otra opción. Acelerando y muchas veces lento por causa de los que iban paseando, llegamos al aeropuerto. Agus y yo salimos corriendo como si fuéramos a tomar un vuelo. Agus salió feliz, y seguimos camino hacia la Angostura. De ahí al hotel Marinas Alto Manzano fue rápido.

El hotel es fantástico, está ubicado en las márgenes de la Bahía Manzano con sus aguas limpias y translúcidas. Orientado hacia la bahía, contaba con ventanas enormes para ver los barcos y las montañas exclusivas de esta ciudad. Papá había alquilado un loft, para nosotros tres. Lindo, y Agus decía que quería pasar su luna de miel acá. Después de varias discusiones sobre quién iba a dormir en cada cama, nos acomodamos y esperamos para ir a comer. Nosotros tres en el loft, esperamos hasta las 22.00 h, cuando Papá y Mamá decidieron salir. La recepción nos sugirió ir a Cook, pequeño resto bar, cuyo dueño es un señor muy simpático. Viejito, decíamos que sería excelente locutor de radio. Este lugar es conocido por las buenísimas empanadas y pizzas, además de la comida irlandesa. No sabemos si el dueño era irlandés, pero tenía cara de serlo. Yo estaba con sueño, y muy cansado, entonces no aproveché mucho la salida, pero bueno, todos saben cómo me quedo cuando tengo sueño.

Comimos rico y simple. Después volvimos al hotel y me tiré a la cama como si fuera a hibernar. Mañana iríamos conocer Villa La Angostura y descansar un poco del viaje que venimos haciendo.

Deja un comentario