11/01/16 – El Calafate – El Chaltén 

Salida: 14.00 h – Llegada: 18.30 h – Distancia: 374 km – Total: 6172 km

El Calafate - El Chaltén - Total
Para hoy, dejé una sorpresa que escondí desde el primer día en El Calafate. Hoy Agus y yo haríamos el llamado mini trekking. Esto no es un trekking normal por la montaña. Es una caminata sobre el hielo, sobre el Glaciar Perito Moreno. El tema era una hora y media de caminata sobre el hielo usando los llamados grampones. Íbamos a salir temprano porque el barco partía de Bajo la Sombra, en el Brazo Rico, del Lago Argentino.

A las 6.15 h, nos despertamos y nos vestimos para el frío. Habría viento patagónico, lluvia y tal vez nieve. Sobre el glaciar el clima es muy cambiante. Cerramos nuestros bolsos Thule y desayunamos con Papá, que nos dio la información para cuando volviéramos de la caminata. Habían conseguido un remis que nos iba a llevar hasta el puerto de Hielo y Aventura. A las 7.15 h, estaba puntualmente esperándonos. Últimos saludos y partimos hacia el Parque de los Glaciares nuevamente. Conversamos con el señor, rosarino que decidió mudarse acá a El Calafate, porque la situación estaba muy violenta, incluso nos contó unas historias capetas. El señor muy simpático y gracioso, nos llevó al puerto Bajo la Sombra y las 8.20 h ya estábamos esperando para que el barco partiera.

Esperamos media hora y entonces nos llamaron para embarcar. Cuando nos sentamos, vimos a nuestros compañeros de caminata. El primer gran grupo era de brasileños, abrigados como nunca, como si fueran a la Antártida, incluso nos reíamos de una de ellas que no sabía cómo se colocaba el cuellito. No saben lo que es frío. Otro grupo era de americanos con dos garotinhos, por lo menos no éramos los más chicos. Entraron unas 60 personas en el barco. A las nueve, el barco partió cruzando el Brazo Rico hasta el otro lado, otra vez, pasando cerca del espectacular Glaciar Perito Moreno. Veinte minutos tardó la travesía. Cuando el barco llega, atraca y todos los pasajeros salen. Ahí, nos dividen en dos grupos, de «Español» y » English». Fuimos al de español, y esperamos los siguientes pasos. Nos dieron las instrucciones y el paso a paso de lo que íbamos a hacer. Primero caminaríamos por un sendero por el bosque hasta el pie del glaciar donde pondríamos los grampones para caminar en el hielo. Después caminaríamos efectivamente por el hielo. Al volver, caminaríamos de vuelta por el sendero, y comeríamos en el refugio, al lado del hotel, con las viandas que habíamos pedido en el hotel, y después a la una y cuarto, estaríamos de vuelta al barco y nos encontraríamos con el resto de los capetas a las 14.00, ahí en el muelle.

Dicho eso, seguimos a la guía por el sendero que mostraba una vista genial del Glaciar. Sacamos algunas fotos y después del sendero, paramos para que la guía diera información acerca del glaciar y todo lo demás, incluidas las reglas de seguridad. Nos iban a dividir, dentro de los grupos, en subgrupos de 20 personas. Como llegamos justo cuando terminaron de dividir el grupo de inglés, nos mandaron al grupo 3. Esperamos un ratito, y nos dirigimos adonde iban a ponernos los grampones. Nuestro guía se llamaba Guillermo y el otro era Mariano. En nuestro grupo estaban los brasileños gorditos de quienes nos reíamos en el barco. Llegamos al tal lugar y esperamos que terminaran con el grupo anterior. Cuando terminaron, Agus se puso los grampones y después yo. Bueno, los grampones son como una base que tiene puntas que se clavan en el hielo, y se los pone en la planta del pie, como una ojota. Después me puse yo. Se sentían pesados y raros en el pie, cuando salí del banquito me enganché uno de los grampones en el pantalón y casi termine siendo la primera causa de gracia de toda la excursión. Los primeros pasos eran raros, principalmente porque había muchas piedritas que se enganchaban en los capetas grampones. Después, bajamos hasta la base del glaciar. Al llegar, estaban los brasileños, porque ya se habían puesto los grampones. Allí, conocimos el resto del nuestro grupo, argentinos y brasileños, y en el mismo lugar, nos enseñaron cómo moverse en el hielo, tanto para las subidas cuanto para las bajadas. Fue ahí, que comenzamos a escalar el glaciar. Pisar en el hielo exigía que uno clavara bien los grampones. Como una marcha. Después de un tiempo, nos acostumbramos. Y era genial. Estábamos caminando sobre el Glaciar Perito Moreno. Nada mejor. Continuamos subiendo y encontramos grietas de color azul único, y sumideros que llegaban a la base del glaciar a metros en el suelo. Cada formación fantástica iba apareciendo al nuestro alrededor. El agua que corría era de un color increíble. ¡Y era bebible! Por todas partes el agua corría y formaba las estructuras que íbamos encontrando. Fotos y fotos por doquier. Nada más lindo. Continuamos subiendo, hasta la primera parada, cuando nos preguntaron si alguien quería volver antes de seguir. Una de las brasileñas decidió volver porque su corazón estaba batiendo muy rápido. Bueno, una menos. Seguimos camino, mientras el otro guía llevaba la señora. Allá arriba, las formaciones raras continuaban y todo era fantástico. El guía nos decía que tenían que cambiar el recorrido cada tanto porque las grietas y los agujeros iban aumentando y acercándose del límite de la pared frontal del glaciar. Fantástico, el paseo nunca es el mismo. No era cansador, apenas era tremendo el viento que nos golpeaba de vez en cuando y muchas veces, cuando estábamos subiendo o bajando y nos desequilibraba. Nunca hubo un momento en que sufríamos de cansancio, pero el hielo en sí, es filoso,  y nos hacían usar guantes. Tomamos un poco de agua de uno de los arroyos del glaciar y el agua era pura y helada (¿por qué será?). Decíamos que adentro de nosotros teníamos un poco del Perito Moreno (¡ahhh, qué lindo!), pena que después se va a ir, el ciclo del agua. Llenamos nuestra botella para llevarle a los tres capetas, que también van a dispersar el agua del glaciar. Caminamos y hacíamos paradas para sacar fotos. Todo era espectacular, y el día también lo estaba, entonces aunque llovía un poquito, nunca estuvimos con frío o muy mojados. Todo transcurrió con normalidad. Sólo había un grupito de brasileños que no escuchaban a los guías, y casi hacían lío una y otra vez. Ven que hay una grieta enorme y lo primero que hacen es acercarse a ella. Encuentren el error en eso. Bueno, después de subir hasta la cima del recorrido, comenzamos el descenso siguiendo los pequeños arroyos que caían. Al llegar a la última rampa, había dos mesitas con vasos y bowls. Los guías, con sus picotas, sacaron pedazos de hielo y los pusieron en los bowls. Con los vasos, sirvieron agua del glaciar y hielo, y para los que querían whisky. Nosotros llenamos una vez más nuestra botella y nos dieron unos caramelos. Después comenzamos el descenso final y sacamos las últimas fotos, nos despedimos personalmente del glaciar y nos sacamos los grampones. Volvimos al refugio después del sendero, donde recolectamos, por nuestra cuenta (disculpas al Parque Nacional Los Glaciares) unos frutitos llamados calafates, que dan nombre a la ciudad El Calafate. Dice la leyenda que quien come el calafate, vuelve a la Patagonia. Comimos varios en el camino para poder volver varias veces, esperemos que funcione. Medio amargos y ácidos, pero a mí me gustaron, no estaban lo suficientemente maduros. Una vez en el refugio, comimos nuestras viandas y descansamos de nuestra aventura glaciar. Esperamos al barco, que llegaba 13.15 al muelle. Mientras tanto, como teníamos media hora, contemplamos silenciosamente el Perito Moreno. No me cansé de verlo, fantástico. Mientras mirábamos, tuvimos la oportunidad de ver dos desprendimientos del glaciar. Pedazos del tamaño de un edificio cayendo al Brazo Rico y irrumpiendo con un ruido impresionante, era para quedarse callado para escuchar cada crujido del hielo y verlo caer lentamente en el agua. Una de las cosas más imponentes, grandiosas que ya había visto. No hay algo igual en el mundo. Después de un rato, el barco llegó, entramos al barco y cuando salió, unas chicas que estaban viniendo se olvidaron de salir porque estaban sacando fotos, tuvimos que volver…. Después cuando salimos, definitivamente, el barco hace una pasada por el frente del glaciar. Últimas miradas al glaciar Perito Moreno. Lindo, todo argentino tiene que verlo porque es nuestro y de nadie más. Como habíamos visto en el Glaciarum, el Perito Francisco Moreno luchó por mil ochocientas leguas de nuestra frontera y consiguió estas maravillas que tenemos hoy, como es el caso de nuestros glaciares y nuestras montañas, las más imponentes de toda América. Esos pensamientos me rondaban la cabeza, mientras volvíamos y veíamos alejarse el Glaciar. Qué lindo país que tenemos. Cuando llegamos al muelle, salimos del barco estaba Papá viéndonos de lejos y nos llevó al auto, con Mamá y Gonzi que ya planean volver en tres años para que el pequeño pueda hacer lo que hicimos hoy. Contamos nuestras aventuras y volvimos a El Calafate, mirando los últimos momentos del Perito Moreno, hasta que salimos del Parque. En el auto, Papá consiguió que el antiguo GPS funcionara. El nuevo GPS sigue 0 km porque nunca conseguimos bajar los mapas de Internet. GPS y navegación garantizados = alivio para el resto del viaje.

Comimos unas empanadas en La Lechuza, y nos contaron lo que habían hecho en nuestra ausencia. Habían conseguido efectivo y el tema de la nafta estaba regularizándose. Los cortes de la ruta 3 que no permitían el paso de los camiones estaban siendo levantados. Después de almorzar, cargamos nafta, por seguridad, porque había pocas estaciones en el camino para El Chaltén y Cueva de las Manos. Emprendimos camino a El Chaltén.

Todo transcurrió con normalidad y nos despedimos del Lago Argentino, nombrado por el propio Francisco Moreno. Eran 270 km hasta la capital nacional del trekking. El camino iba por la ruta 40, la más lengendaria de la Argentina. Con asfalto nuevo, era perfecta y nos llevó rapidísimo al acceso de El Chaltén. La ruta provincial 23 tiene 90 km hasta la pequeña ciudad, al lado del Lago Viedma, que surge de otro glaciar gigante argentino.

Ya a 50 km, comenzamos a avistar las dos montañas más lindas de la Argentina. El Cerro Fitz Roy y el Cerro Torre y sus compañeros. Fantástico. Él Fitz Roy fue nombrado por Perito Moreno, en homenaje al comandante del Beagle (que llevó a Darwin),que navegó por el Río Santa Cruz, hasta el Lago Argentino, y quedaron a 50 km de la Cordillera de los Andes. Hecho impresionante.

La ciudad queda en la base de la cordillera rodeada por montañas y por un río. No había mejor vista. Lindo, como una pintura.

Al llegar la ciudad, muchos mochileros, con sus mochilas gigantes, caminando o llegando de algún lugar. Cada persona, de cada lugar. Muy gracioso. Buscamos el hotel en la ciudad y llegamos a la simpática Posada El Barranco. Lugar increíble. Nos registramos, bajamos las cosas y pedimos sugerencias de algunas caminantes rápidas que pudiéramos hacer. Nos sugirió una de cinco minutos y de una hora con miradores para cascatas y de la ciudad. Y también lugares para comer.

Nos acomodamos y salimos rápido para hacer la más rápida. Tenía 500 metros y era toda plana. Allí, Papá y Gonzi probaron el Calafate y también, esperemos, van a volver. Al final, estaba el Chorrillo del Salto, lindo lugar con la cascada de agua limpia y pura. Sacamos fotos y volvimos al auto, podíamos decir que hicimos un trekking en El Chaltén. Al volver, tratamos de cargar nafta en la súper estación de servicio de El Chaltén. No había nafta. Bosta. No conseguiríamos hacer el tramo de mañana, tendríamos que esperar mañana para ver si había nafta.

Como ya eran las 20.00 h, fuimos a comer a Isabel, especialidad en comida al disco, muy rico y nos hizo acordar la comida de Micha, pero obvio que a la de Micha nadie la supera. La ciudad mismo que rústica, era muy organizada y linda. Nos soprendió muy bien.

Volvimos al hotel, y yo, por lo menos, me dormí profundamente después de todas las actividades del día. Mañana, iremos a la Cueva de las Manos, el lugar más remoto que visitaremos y conoceremos un poco sobre nuestro pasado.

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