Salida: 7.50 h – Llegada: 21.30 h – Distância: 117 km – Total acumulado: 5798 km

A diferencia de ayer, hoy fue día de navegación. Conocer el Parque Nacional Los Glaciares es conocer no sólo el famoso Perito Moreno por sus características únicas, sino también observar los otros glaciares vecinos. Entre ellos están el Upsala, el más grande del parque y el Spegazzini, que tiene las paredes más altas. Solo es posible verlos de barco y el Perito Moreno es el único accesible por auto.
Entonces, habíamos contratado un paseo de barco de cinco horas de Solo Patagonia, muy recomendable. El paseo comenzaba a las 9.00 h, pero había que estar en el puerto a las 8.30 h.
Nuevamente, nos despertamos y salimos corriendo, porque somos lentos preparándonos. Tomamos el desayuno y todos con caras de sueño. Volvimos a la ruta provincial 11, y en cuarenta minutos llegamos al muelle, 10 minutos antes de la partida del barco. Teníamos que pagar las entradas para el Parque Nacional Los Glaciares, otra vez fila grande, con turistas e idiomas de todo el mundo. Después de la fila, fuimos al barco, un catamarán de tres pisos, con muchos lugares, además de muchos miradores alrededor del barco. Y había muchos lugares ocupados. Nos sentamos, acomodamos y esperamos que el barco saliera y partiera hacia los canales del Lago Argentino. Apenas el barco comenzó a balancear, nos dormimos profundamente. Una hora después, Agus y Papá, ya se habían despertado y nos despertaron a nosotros dos, Mamá y yo. Estábamos navegando por el Brazo Norte del Lago Argentino, en dirección al primer glaciar del día, el Upsala. Ya había bastante gente afuera en los miradores, con el viento glaciar en la cara. El tema de la temperatura es que con el movimiento del barco, el viento era fuerte y helado y muchas veces salpicaba agua y nos íbamos a mojar. Así, nos quedamos esperando un ratito adentro y después salimos. Sacamos fotos de los primeros témpanos, o icebergs, como el que hundió al Titanic. De un azul fluorescente, indescriptible, brillaban sobre el agua también azul, pero oscuro. Inmensos cuerpos flotantes, caídos, algún día, del glaciar, y que un día serán parte de las aguas del Lago Argentino. Tratábamos de ver, pero la gente se aglutinaba en las barandas del barco para sacar fotos. Y el barco siguió avanzando hasta pasar por el lindo Glaciar Seco y acercarse al monstruoso Upsala. El Upsala es conocido por tener delante suyo el canal Upsala, repleto de témpanos. Como acceder al glaciar es complicado, más que el Perito Moreno, el barco para cerca de los témpanos, uno de ellos gigante como una mansión de las más grandes que existen.
La gente ni pensó en salir de sus lugares. En realidad, apenas un lado del barco estaba lleno y el otro, vacío porque la vista era de las montañas, que no eran las protagonistas de este episodio. El témpano era enorme. Como había «fotógrafos profesionales» en el equipo del barco, la gente hacía fotos idiotas, las más ridículas que uno podía ver. Lo que uno hace para tener sus cinco minutos de «celebridad». Yo hacía mejor, mi humilde opinión (mentira, pero las fotos profesionales fueron mostradas en la televisión del barco y no eran tan buenas como decían ser). El glaciar era impresionante, gigante, pero no tan imponente como el Perito Moreno. Nos quedamos un rato observando el témpano, y Gonzi seguía durmiendo en las sillas del barco, sin saber que tenía icebergs a su alrededor. Después, uno de los marineros «pescó» uno de los pequeños témpanos que flotaba para que los pasajeros pudieran sacarse una foto, también ridícula, con el pedazo de hielo.
Después de la parada del Upsala, seguía el Glaciar Spegazzini. Como no había a qué sacar fotos, la gente volvió a la cabina a comer lo que había disponible en el barco. Mientras tanto, nosotros salimos y nos quedamos mirando el paisaje que surgía en nuestro camino. Nos quedamos los cinco en el tercer piso del barco, disfrutando más ahora que Gonzi se había despertado.
Entramos al Canal Spegazzini y vimos el inmenso glaciar. De paredes enormes, se imponía sobre la montaña, y todos quisieron sacar sus fotos. Nosotros teníamos el hot spot, no íbamos a salir para nada. Después que sacamos las fotos, bajamos al primer piso y continuamos observando el glaciar.
El barco partió de vuelta al muelle de Puerto Bandera. Era un tramo de una hora y media. Volvimos a nuestros asientos. Y quedamos un rato despiertos, pero enseguida, los cinco dormimos profundamente por el cansancio acumulado en los últimos días. Cuando faltaban veinte minutos para llegar, Agus, Gonzi y yo nos despertamos. Continuamos observando las aguas del Lago Argentino. A los diez minutos para llegar, desperté a Mamá y Papá, dormidos como piedras. Llegamos a las 14.00 h, después de cinco horas de navegación. Muy lindo, y glaciares muy diferentes del Perito Moreno, valió la pena. Como era hora de almorzar, al salir del barco, fuimos a El Calafate, al hotel.
Allá, descansamos un poco, mientras Mamá y Papá resolvían lo del GPS, pero Internet no quería funcionar, una y otra vez trataron, pero nada. El mini Garmin no nos ayudó para nada hasta ahora.
A las cuatro, comimos algo en el hotel y a las seis fuimos a visitar el Glaciarum, el museo del hielo.
Queda a 7 km de El Calafate, aislado en la estepa patagónica, con forma de glaciar. El frente del museo era muy lindo, moderno y diferente. Compramos los tickets (caritos) y entramos al museo. Las exposiciones cuentan la historia de los glaciares, formaciones, sus orígenes y muchas más curiosidades acerca de estos gigantes que parecen estar parados, pero siempre cambian para lo que la naturaleza le diga. Muy buena información. Muy organizado, el museo merece una visita para entender un poco más lo que es un glaciar, y si la visita ocurre antes de la del Glaciar, mejor, porque uno sale entendiendo y después lo visualiza. Papá pretendía que fuéramos al llamado Glaciar Bar, un bar del propio Glaciarum, en que la temperatura está bajo cero. Gonzi insistía, pero ninguno de nosotros excepto Papá queríamos ir. Como ya habíamos terminado la visita fuimos a comer en un restaurante de El Calafate y comimos livianito porque habíamos acabado de almorzar a las cinco.
A las nueve y media ya estábamos listos y volvimos al hotel, y organizamos las cosas, porque mañana, después del nuestro mini trekking en el glaciar iríamos a El Chaltén, capital nacional del Trekking.