Salida: 10.00 h – Llegada: 14.00 h – Distancia: 258 km – Total acumulado: 3308 km

Nos levantamos a las 7.30 h. Temprano porque todos los huéspedes (nosotros, los argentinos y los italianos/suizos) habíamos acordado en desayunar a las 8.30 h. Nos vestimos y nos reunimos en el living, todos juntos a desayunar. Conversamos de todo un poco otra vez. Y conocimos sus nombres. Diego y Laura, argentinos de Vicente López, él, ingeniero de sistemas y, ella, abogada. Venían de Buenos Aires y recorrieron la Costa hasta Cabo Vírgenes, extremo sur de Argentina continental. Después estaban Alberto y Luca. Arquitecto e industrial relojero, respectivamente. Italiano y suizo. Aunque no hablábamos el mismo idioma ellos, nos comprendían y nosotros a ellos. Venían de Italia, frontera con Suiza, y tenían curiosidad por conocer la Patagonia. Visitaron El Calafate, El Chaltén, Puerto Natales y otros lugares. En suma, todos muy simpáticos y la experiencia de comer juntos y charlar, intercambiar experiencias fue muy buena y diferente. Comimos, nos reímos y nos conocimos un poco más.
Al terminar el desayuno, organizamos las cosas, nos despedimos de Vivían y de la Estancia Doraike, muy linda, rústica y familiar. Como Agus decía, «como la Quinta» y fue así que nos sentimos, bien recibidos.
Salimos a las 10.00 h hacia el Parque Nacional Monte León, una de las pocas reservas naturales protegidas de la Costa Argentina. La ruta de ripio nos llevó hasta la Cabeza del León, que le da el nombre al parque. El viento, impresionante y no es nada comparado al viento del invierno. Agus reclamaba que su pelo se enredaba y le quedaba en la cara. Yo no tenía problemas, estaba aerodinámico. Caminamos por un sendero medio capeta y vimos la vista del mirador y el fantástico panorama del Parque. Vimos, de lejos, unos lobos marinos y sacamos algunas fotos y volvimos corriendo al auto. Gonzi hasta se cayó del caminito y se ensució de una manera cómica. Cayó como una bola azul y terminó como bola marrón.
Después, seguimos camino al mirador de la Isla Monte León, casa de cormoranes y gaviotas cocineras. Al llegar, Papá estaciono justo en un pozo de barro, ensució el auto y nos avisó: «¡Cuidado con el barro, Patifão!» Como dignos niños distraídos, Agus y Gonzi, la primera cosa que pisaron al salir del auto era la bosta del barro. Y, obvio, no tocó apenas el barro. Decíamos que casi se zambullía en él. Hasta que saliera una camada del barro pasaron toallitas, pasto, todo lo que había a disposición. El pantalón… Marrón. No podía ser más…delicioso. Bueno, limpiamos la bosta y volvimos al auto. Íbamos visitar la playa. Ahí, nos encontramos con los argentinos y con los italianos/suizos. Caminamos por la playa. Agus se sacó los zapatos y probó el agua. Con su habilidad característica, también se mojó los pantalones y tuvimos que esperar que se los secara.
La playa de piedritas nos encantó. De alguna manera, las playas de Brasil perdieron algo de su encanto, para mí, por lo menos. Estas del sur podían ser frías, correntosas y de difícil acceso, pero eran lindas.
A las 12.00 h, volvimos al auto y partimos hacia Río Gallegos. Eran 230 km hasta la última capital de Argentina continental. Las estepas, los guanacos y las ovejas, nuevamente, invadieron nuestro paisaje. Y, por primera vez, pasamos por una lluvia patagónica. Dispersa, pero refrescante para este ambiente tan seco.
Llegamos a Río Gallegos a las 14.00 h. En la entrada, control policial… Nos preguntan de dónde venimos, «Río de Janeiro» responde papá, y nos dejan pasar. A los otros viajeros les pedian documentos, les hacían preguntas, etc. La Vera Cruz salvando el día otra vez. Río Gallegos, ciudad simple, pero un poco sucia, comparada a las que veníamos visitando. Íbamos recorriendo la capital del sur y nos acercamos al hotel. Hotel París era su nombre. En la puerta, el cartel se caía a los pedazos. Bajamos las cosas, Papá estaciono el auto. Al entrar, olor a naftalina. Las habitaciones eran raras, pero como íbamos a quedarnos una sola noche, no había problema, mejor para nosotros como críticos TripAdvisor.
Comimos en el Quattrocento, un restaurante buffet dudoso, de calidad nivel capeta. Pero comimos igual por el hambre que teníamos. Después, fuimos a caminar por el centro de Río Gallegos y Gonzi se compró un sombrero, tipo Carlos Gardel… Sin comentarios.
A la noche, en los vientos infernales del sur fuimos a comer a Bartolo y a dormir. Mañana el día será largo porque vamos a Ushuaia y el tramo incluye balsa, fronteras internacionales, rutas de ripio y mucho camino a andar. ¡Vamos al Fin del Mundo, señoras y señores! Mañana veremos qué pasa.
Hola Marcos!!!. Soy Lili Sakima, amiga de tu mami y de todos Ustedes!!. Me re encanta «viajar» con Ustedes!!!. Los comentarios son imperdibles, con una redacción perfecta para vivenciar cada momento!. Los quiero mucho y…sigo viajando con Ustedes!!!. BESOTES!!!
Hola, Lili-chan! Qué bueno saber que venís con nosotros. Beso grande!!! Feliz 2016!
que lindooo !!! suerte en el fin del mundo !!! esperaremos ansiosos noticias !!!
saludos para todos
los Perez !!!!
Gracias, Ana! No conseguimos publicar fotos. A ver si mañana actualizamos ese tema. Besos para ustedes!