Salida: 9.30 – Llegada: 17.00 – Distancia: 613 km – Total acumulado: 3050 km

¡Feliz año nuevo 2016!! Había que despertarse temprano para comenzar el 2016 en la ruta. El tramo de Comodoro Rivadavia al Parque Monte León no era tan largo como otros que ya hicimos o que haremos. El tema es que queríamos parar en San Julián, un importante puerto para Fernão Magalhães cuando completó el primer viaje de circunavegación de la Tierra, pero también donde Darwin estudió y paró con el Beagle. San Julián también fue un importante centro estratégico militar para la Guerra de las Malvinas.
Esa historia, en realidad, fue para rellenar un poquito el hecho de que solo íbamos a comer ahí. Nos despertamos a las 7.00 y desayunamos a las 8.30. Ni el loro… Todo estaba desierto en Comodoro Rivadavia. Ni hablar del silencio a la medianoche… Ningún petardo, cohete, nada… Fue el año nuevo más silencioso que pasé en los últimos años para no decir en la vida.
Así, salimos silenciosamente de Comodoro a las 9.30 h. Paramos a 70 kilómetros, en Caleta Olivia, dentro de la provincia de Santa Cruz, la más grande de Argentina y com menor densidad poblacional también.
Seguimos por la larga ruta 3. En este tramo, la ruta estaba un poco peor, pero seguía la línea de la Costa. Lindo y muy diferente de las planicies que veíamos desde Buenos Aires. Un poco después, la ruta volvió a entrar hacia el interior pero siempre apuntando hacia el sur. Los planaltos sustituyeron las planicies, pero compensó con subidas, bajadas y alguna que otra curva cerrada. Un tramo más diversificado, digamos, pero, obviamente, a los 150 km/h de Papá. Los guanacos de Santa Cruz eran más valientes y más curiosos que los de otros lugares, y, simplemente, se paraban sobre la ruta. Muchas veces tuvimos que desacelerar bruscamente (de 120 a 30 en solo algunos segundos) para dar tiempo a que el guanaco saliera elegantemente de la ruta con cara de «¿Estos qué se creen? Solo porque vienen de Río de Janeiro, no van a jugar conmigo».
Después de 350 km, llegamos a San Julián. Ciudad linda, pero otra vez, todo desierto. Nadie en las calles, apenas nosotros y otros turistas. Obviamente, todo estaba cerrado y no pudimos comer nada. Intentamos almorzar en la próxima parada en Comandante Luis Piedra Buena, cerca del Parque Monte León. En el camino, paramos en Tres Cerros, con los mismos resultados (parecía Acre para los que ya escucharon), y al mismo tiempo, llegaron dos motos que venían de Rio de Janeiro. Coincidencias… En este fin del mundo, vienen dos tipos de Rio… Ni acá conseguimos huir de ellos. Como decimos nosotros: Bolatz.
Llegamos a Comandante Piedra Buena y comimos unas galletitas con queso en YPF, el almuerzo más barato hasta ahora. Después de almorzar, volvimos a la ruta a apenas 35 km del en el Parque Monte León. Vimos más guanacos y más estepa patagónica. En el kilómetro 2406 de la Ruta 3, encontramos la entrada hacia la hostería Doraike.
Para llegar, hay una ruta de ripio de 3 kilómetros. La vista de la estancia como un todo es lindísima. En medio de los planaltos patagónicos, cerca de un río. Al acercarnos, vemos varios autos y muchas personas. Cuando llegamos a la puerta nos recibe una señora y nos pregunta si éramos los 5 pasajeros que venían de Brasil. Bajamos las cosas y Vivian, la anfitriona, nos mostró las instalaciones. Agus decía «Se parece a la Quinta». Todo era muy rústico. El baño, comunitario, pero «nuestro». Nosotros, solos, éramos la mitad de los huéspedes. La señora nos preguntó también qué queríamos comer y nos sugirió fideos con salsa y cordero (que era carísimo). Agus, Mamá, Gonzi y yo elegimos los fideos, no hace falta decir qué eligió Papá. Como digno Príncipe de África eligió el cordero.
Observación: la señora y sus familiares son los que cocinaron la cena. Nos acomodamos y jugamos a los dardos. Después, salimos a caminar por la estancia. Vimos ovejas sueltas y también un montón de sus bostas. Paseamos por los establos y sacamos algunas fotos. Fue medio raro porque era el día de cumpleaños de Vivian. Apenas ella se fue, quedamos libres para explorar la «hostería». Todas las personas que habíamos visto eran los familiares de Vivian y fue medio incómodo pasear por una casa ajena. Pero la pasamos bien y descansamos en las habitaciones.
Durante la cena, nos reunimos con otros huéspedes porque era costumbre de la hostería. Había una pareja argentina y un suizo y un italiano. Todos cenamos juntos y conversamos de donde éramos y para dónde íbamos. La Patagonia era el punto común. Nos reímos, y tuvimos muchos momentos graciosos. La cena se extendió hasta las once, y después nos fuimos a dormir. Agus y yo nos quedamos despiertos hasta las doce. Vimos el cielo: uno de los motivos para estar ahí.
No hubo internet, ni tele. Entonces, no pudimos actualizarlos como siempre. Mañana visitaremos el Parque Monte León y seguiremos camino hacia Río Gallegos, la última parada antes del Fin del Mundo. Estamos en el paralelo 50. Imaginen que Río de Janeiro queda en el 23. Anduvimos 613 km hoy y ya estamos en 3050 km acumulados. Veremos qué nos traerán los póximos días. Vamos por más aventuras, ahora en 2016.