Salida: 10.30 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 581 km – Total: 2437 km

Después de un día de descanso, fue difícil despertarse. A las 7.30 h fue mi turno. Gonzi y Agus se levantaron ante la fuerza de la suprema líder, mamá. Hoy iba ser un tramo, digamos, intermedio hacia Comodoro Rivadavia, capital del petróleo de Argentina. De paso, visitaríamos los pingüinos de Punta Tombo y la pequeña ciudad de Trelew que papá visitó tantas veces hace 20 años.
Una observación muy importante es que este viaje a la Patagonia marca, por lo menos, 20 años de los tiempos que papá trabajaba acá, y que, de cierta forma, él y Mamá se conocieron. Además, 17 años, mínimo, que vivíamos en Ushuaia y ahora estamos yendo ahí… El tiempo pasó pero ahora volvemos con Gonzi, Agus y la VeraCruz, sin dudas, significativo.
Bueno, dejando de lado esas cuestiones, volvemos a nuestra travesía. Organizamos las cosas y cerramos los bolsos Thule una vez más.
Desayunamos tarde, porque Papá se atrasó «un poquito». A las 9.00 h, desayunamos y a las 10.30 h, partimos hacia nuestro nuevo destino. Nos despedimos de Puerto Madryn, linda ciudad y que nos recibió de la mejor manera. Hasta la próxima.
Primera parada fue a 60 km de Madryn, Trelew. Ahí, visitamos el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), un importante centro de estudios acerca de los dinosaurios que caminaron, un día, por estas tierras de la Patagonia, un poquito diferentes, pero aquí. Muy lindo y muy bien organizado, fue una buena visita y nos agregó algo acerca de esas criaturas del pasado. Gonzi sacó miles de fotos con el celular de Mamá, algunas bosteadas y otras buenas. Después de esa breve visita, cargamos nafta y seguimos camino hacia la siguiente parada.
Punta Tombo, para quien no sabe, es la mayor colonia continental de pingüinos de Magallanes del mundo, y de cualquier especie, llegando a medio millón de criaturitas en la región. Todos estábamos ansiosos para llegar. Unos kilómetros de ripio y llegamos al centro de visitantes de la pingüinera más visitada por los turistas. Lugar muy moderno y nuevo. Instalaciones muy buenas, pero había un detalle apenas… Los textos que describían las fotos y informaciones expuestas estaban muy mal traducidos, dolían los ojos de tanta vergüenza ajena… Pero todo era tan lindo que no reclamamos tanto. Lo que realmente queríamos eran pingüinos. Comimos unas empanadas y finalmente había llegado la hora tan esperada. En la entrada, nos dieron instrucciones y, entonces, comenzamos la caminata por el sendero abierto. Por el camino, es posible ver pingüinos por todas partes y algunos a centímetros de nuestros pies. Algunos cruzan el sendero y los podíamos ver de cerca y sacar miles de fotos. Los primeros pingüinos eran una novedad, pero a medida que íbamos andando por el sendero, aparecían más y más, y dejaban de ser algo nuevo para algo aburrido, por ejemplo para Gonzi… «No quiero ver más esos pingüinos malditos», unos cambios, pero era esa la idea. En las más diferentes poses, durmiendo, corriendo, saltando… Había pingüinos para todo tipo de situación. ¡Queríamos pingüinos, y ahí estaban! Toma pinguim na cara, como decimos en Brasil. E, insisto, sacamos muchas fotos. Fue buenísimo ver a esas pequeñas criaturas, desastradas y tan cómicas. En cada detalle, veíamos los pingüinos nadando, comiendo y nos reíamos, pero quedamos impresionados, que como nosotros, viajan miles de kilómetros, de la manera que pueden para llegar a un buen lugar para comer y descansar. Después de dos horas, llegó el momento que Gonzi no aguantaba más ver los pingüinos. Entonces, volvimos y nos despedimos de nuestros queridos amigos cómicos.
Partimos, y ahora sí, hacia Comodoro Rivadavia. Fueron 370 km desde Punta Tombo y nuevamente las planicies infinitas, la estepa interminable y los ocasionales guanacos marcaron ese tramo de la ruta 3. Cargamos combustible en Garayalde (a 170 km de Comodoro) porque no había alternativa más tarde. Gonzi durmió la mayor parte del tiempo. Mamá y Agus también pero trataron de ver una película de la sección «Copias de Micha» algunas con subtítulos en coreano, otras en idiomas raros, pero bueno, cada distracción es mejor que las rectas largas de la ruta 3 y los miles de camiones que llevaban algo hacia un lugar.
Llegamos a Comodoro a las 21.00, todavía de día y comimos en el propio hotel, dormimos profundamente después de 581 km. Mañana es el último día del año… 2015 se va y lo festejamos acá en Comodoro! Veremos cómo vamos a hacer con el nuestro festejo… Y cuenténnos cómo lo van hacer ustedes…