Salida: 10.00 h – Llegada: 17:00 h – Día de descanso
Hoy fue «día de descanso». Despertamos tarde, 8.30 h, y salimos para caminar un poquito y probar la playa de Puerto Madryn.
Salimos a las 10.00 h y fuimos al mirador de Puerto Madryn y vimos ruinas de casas de galeses que formaron una colonia aquí en Puerto Madryn. Estaban medio bosteadas pero la vista de la ciudad era linda. Jugamos con unas piedritas e hicimos las capeteadas de siempre.
Después fuimos con el auto hacia Punta Loma, una lobería muy conocida. Llegamos y éramos los únicos. Fuimos al mirador y ahí estaba, de lejos, la lobería. Incluía lobos marinos peleándose ferozmente entre sí. La vista era genial. Después, caminamos por un sendero y durante la caminata, íbamos conociendo la vegetación. Muchas eran usadas con uso medicinal y ayudan, por ejemplo, a curar dolores, aliviar sed, etc. Los tres capetas (Papá, Gonzi y Agus) creyeron que aquello era un buffet y fueron analizando las plantas. Probaron algunas… Algunas frases como «Es rojito… Pero es dulce», » Papi ahora comé ese» o «Mar, me estoy sintiendo un poco rara» fueron surgiendo a medida que la degustación de los supuestos «frutos patagónicos» transcurría (porque no sabemos si realmente estaban comiendo lo correcto). Ya sabemos que si algún problema pasa es porque hubo una degustación equivocada.
Y bueno, volvimos al centro de Puerto Madryn, compramos algunas cositas en un kiosko, golosinas tales como palitos de la selva. Anduvimos por el centro y decidimos comer en el restaurante Chona. Como era día libre, seguimos camino al hotel y a la playa.
Buscamos toallas porque sospechábamos que el agua estaría caliente, porque el viento era interesante, en términos de velocidad. Llegamos y fuimos al mar. Agus, Gonzi y yo nos animamos a meternos… ¡¡¡Estaba helada!!! Pero no tanto como que estuviese. El viento era lo que bajaba la sensación térmica. Estuvimos como 20 minutos en el agua del paralelo 42 grados, lo más bajo hasta ahora que estuvimos. Teníamos que hacerlo. Al salir, corrimos hacia las toallas y Gonzi, que era el más valiente y el que más quería sumergirse, tosía y sollozaba por el frío que hacía.
Tomamos un baño de agua caliente y descansamos. Después fuimos a jugar a unos juegos (disculpen el pleonasmo) del hotel. Nos divertimos como nunca y estuvimos de bobeira («jugando») durante una hora. Al salir, prendieron los aspersores del jardín y tuvimos que correr como en una peli de Misión Imposible. No sé si nos veían por las cámaras, pero los que trabajaban en el hotel deberían estar riéndose a carcajadas.
Salimos a cenar a algo liviano al Lizard Café. Preparamos las últimas cosas para mañana porque vamos a Comodoro Rivadavia y a visitar Punta Tombo. Estos son otros destinos que irán recibir los cinco capetas de Río de Janeiro y su compañera la VeraCruz. Cada vez más cerca del Fin del Mundo.