28/12/15 – Puerto Madryn – Península Valdés

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Salida: 10.20 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 390 km – Total: 1809 km

Recorrido Península Valdés.png

Un gran día de paseo por Península Valdés. Esta región alberga las especies más conocidas por los argentinos y más icónicas de la costa argentina. Las ballenas francas, las orcas, los leones marinos, los elefantes marinos y los pingüinos de Magallanes, todos grandes personajes de la mayor reserva natural «viva» de Argentina.

Cansados del viaje del día anterior, y con camas extremamente cómodas, fue difícil despertarse temprano. Yo estaba despierto a las 7.30 h y papá desde las siete. Gonzi no quería despertarse. Nos bañamos, desayunamos y nos preparamos para el día del avistaje.

Día lindo, pero no conociendo el clima y creyendo estar realmente preparados, nos pusimos pantalones largos y llevamos buzos, por si acaso. Nunca estuvimos tan equivocados. Papá nos había avisado que iba hacer calor, pero no creíamos que sería tan capeta. 33 grados Celsius. 33!! Bajo un sol hirviendo, íbamos a recorrer la Península Valdés. Todos de pantalón largo, menos papá. Tenía razón… Qué le podíamos hacer…

Papá había organizado que a las 12.00 h tendríamos un paseo en el llamado Yellow Submarine, en Puerto Pirámide, principal punto de salida de los paseos de avistaje de animales. Enormes, ahí íbamos nosotros, 100 km hasta Puerto Pirámide. Gonzi creía que era más cerca… Inocente!

Entramos en la Reserva Faunística Península Valdés, llegamos a Puerto Pirámide a las 11.50 h. El equipo de Yellow Submarine ya nos estaban llamando como una última llamada en el aeropuerto. Todos de bermuda y ropas livianas, mientras que nosotros estábamos de jeans. ¡Los únicos! Estábamos bañados en sudor con el sol. Entramos al barco y comenzamos el paseo.

El Yellow Submarine es un semisubmarino. Uno puede bajar al nivel inferior y mirar por las ventanas que muestran las vistas submarinas del mar y de animales, principalmente ballenas. Pero una cuestión que nos dejó muy decepcionados es que la temporada de ballenas había terminado hace tres días. En síntesis, no había ballenas. De esa manera, en el paseo vimos los lobos marinos y muchas gaviotas. Lindo el paseo, porque la península en sí es muy bonita. La formación geológica y el calor del agua son envidiables hasta para los brasileños. El paseo, sin embargo, no fue gran cosa porque no estaban los protagonistas del espectáculo. Sacamos fotos y comimos en Botazzi, en Puerto Pirámide. Tardó más de lo que esperábamos, pero a las 15 h estábamos en camino, para recorrer la Península.

Dentro de la Península, solo hay rutas de ripio que conectan los principales puntos de interés de la península: Punta Delgada, Caleta Valdés y Punta Cantor. La primera parada era Punta Delgada lugar de elefantes marinos, 75 km de Puerto Pirámide, nada que la VeraCruz no pudiera aguantar como el equipo Thule. Al llegar, nos miran la patente del auto y nos dicen que para ver los elefantes de cerca había que pagar 200$ por persona, impagable para 15 minutos de salchichas gordas paradas en la playa. Entonces, fuimos al mirador y vimos, gratis, de lejos las tales salchichas de 4000 kg, alguna que otra moviéndose de una manera hilaria. Diez minutos después de vuelta al auto yendo hacia Punta Cantor y Caleta Valdés. 40 km hasta la supuesta comunidad de pingüinos. Más ripio, estepa patagónica, y algunos choiques, guanacos, zorritos que caminaban por la ría.

Al llegar, todo estaba vacío, menos un caminito que llevaba a miradores de la Caleta Valdés. 1500 metros de caminata por la vegetación patagónica. Vimos otros elefantes marinos y los primeros pingüinos que deberían ser, probablemente, seis o siete… Más decepción… Pero el calor, por lo menos, no estaba tan intenso, pudimos caminar bien sin ningún problema, aunque todavía esperábamos a los pingüinos tan prometidos.

Y después de esa caminata, comenzamos a volver, cuando vimos lo que parecía ser otro mirador, pero, en realidad, era una pinguinera.

Estacionamos y vimos una comunidad gigante de pingüinos de Magallanes. Fue impresionante, después de calor y algunas decepciones, quedamos maravillados con lo que estábamos viendo. Sacamos miles de fotos y nos reímos a carcajadas con los ruidos que hacían y de Gonzi imitándolos. Fue genial para cerrar el día en Península Valdés.
Regresando por la ruta de ripio y volvimos a Puerto Madryn y cenamos en El Barco y ahí decidimos que mañana iba ser día libre, tal vez vayamos a la playa o tal vez otras cosas para nuestro último día en Puerto Madryn.

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