Día 15: Villa Gral. Belgrano

El día amaneció nublado y Filipe estaba trabajando desde temprano. El
tiempo pasaba y los chicos empezaban a ponerse nerviosos en la
habitación. Gonzi, sobre todo, protestaba y protestaba. A eso de las
12.30 h salimos. Nos esperaba Villa Gral. Belgrano. En un viaje de 50
km encontramos un paisaje espectacular y una ciudad muy bonita,
ordenada y alegre. Caminamos un poco por el centro y en el Centro de
Información Turística nos dieron unos folletos. Nos recomendaron “El
mundo encantado de Don Otto”, donde se podrían ver unas experiencias
con la gravedad muy interesantes, entre otras opciones. Almorzamos en
un restaurante y fuimos caminando hasta el tal lugar de Don Otto que
nos habían recomendado. Era más lejos de lo previsto y nos costó
encontrarlo. Para no perder el tiempo, basta con decir que era una
actividad muy sencilla (una casa con el interior inclinado) y que
rellenaron el espacio con juegos de ingenio, pero que no valió la pena
ocupar nuestra tarde. Cuando finalmente salimos de ahí, empezó a
llover. Y cada vez caían gotas más grandes. Entramos a una heladería a
pocas cuadras para protegernos y después Filipe fue caminando a buscar
el auto. Seguía lloviendo. Mientras esperábamos Gonzi se encaprichó
con una juguetería que era más que nada una casa de cotillón que había
visto de pasadas. Para llegar de la heladería a este local, había que
cruzar una calle y caminar unos metros pero fue suficiente para
empaparnos. Fue casi el tiempo de que Filipe llegara. La lluvia seguía
empeorando. Salimos a la ruta y había un arco iris hermoso. ¡Qué
tiempo loco! De repente, tac, tac, TAC, TAC, TAAAC. Estaba cayendo
granizo y nosotros andando entre curva y curva. Enseguida vino una
recta y vimos que los autos paraban a protegerse debajo de algún
árbol. Allá fuimos y cuando la situación mejoró, seguimos viaje.
Llegamos al hotel y descansamos un poco. Se ve que había faltado la
luz porque no había televisión. Cenamos en el hotel con Gonzalo
totalmente fuera de control. Se le ocurrió hacer un Beblade (trompito)
con un pan y un grisín. Se reía tan alto que un señor de la mesa de al
lado se tentó también. Todos nos reíamos. El señor se paró y vino a
conversar con él. Le dijo que era mejor si usaba un grisín con punta
más redondeada y zas… todos riendo a carcajadas. Cuando la historia
del Beblade no dio más, se puso los grisines como colmillos. Imposible
retarlo en esas situaciones. Por más que pusiera cara de seria, él
seguía con sus payadas. Llegó su comida, cenó rápido y cayó rendido.
Mañana vamos para Paraná. Casi 400 km de viaje. No sé a qué hora
saldremos pero después de todos estos relatos, me imagino que están
pensando: temprano seguro que no.Totalmente de acuerdo.

Deja un comentario