Como siempre, salimos tarde del hotel después de otro desayuno de casi posguerra. Filipe protestaba por el calor, por la falta de Internet, por la pérdida de tiempo… a las 12 h estábamos partiendo rumbo a la casa de Luciana. Entre fotos, despedidas y muchos abrazos, salimos de la casa de Luciana a las 13 h. Iba a ser un viaje complicado… más de 600 km y ya era muy tarde. Salimos de San Juan, pasamos por La Rioja (para evitar un tramo de muchas curvas) y entramos a Córdoba. La Policía caminera nos recibió pidiendo todos los papeles y una colaboración para comprar agua. Nos advirtió, de paso, que el límite de velocidad era 110 km/h. Fue en vano… Filipe pasó el límite varias veces y se quedó tranquilo porque seguramente, era puro verso. Pasamos por varios pueblitos con cara de casi abandono. Entre el calor y la hora de la siesta, no encontrábamos dónde comer. Eran más de las 17.30 h y nada. Se había acabado el mate, las barritas, las gomitas… cuando apareció Soto, con una estación YPF y un barcito ABIERTO. La única opción eran sándwiches y Gonzi almorzó, además 2 helados. Al salir del pueblito, otra vez la policía.
-Baje el vidrio, por favor- dijo el señor. ¿A dónde van?
-A Alta Gracia- dijo Filipe.
-Voy a tener que levantar un acta, no tiene las luces bajas prendidas y los pasajeros no tienen el cinturón de seguridad.
-Mire, ya me pararon antes para pedirme una ayuda.
Nooooo. El oficial invitó a Filipe a bajarse del auto y cruzar la ruta. Mala espina. Filipe hablaba y hablaba. Mostraba papeles y se veía que el policía cargaba datos en un aparato tipo terminal para pago con tarjeta de crédito. A los 15 min, Filipe volvió muerto de risa. Resulta que el oficial le pidió todos los datos para labrar el acta. Cargó con cuidado el número del registro de conducción y la dirección que estaba en el mismo (rua Infante D. Henrique 560 – Cascais – Portugal) y después los del auto (Jaboatão dos Guararapes – Brasil). Ahí el sistema se tildó y no consiguió imprimir la multa. Resignado, le dijo a Filipe que siguiera viaje pero con cuidado. A las 10 min, otro oficial y a los 10 min, otro. ¿Qué pasa con los cordobeses que tienen tanta policía? La respuesta llegó poco después… venían unas motos del Dakar, algún auto y unas camionetas. Había gente a los costados de la ruta que al ver este auto tan diferente, nos saludaban, nos levantaban el pulgar y hasta nos sacaron fotos. Nos moríamos de risa. Paramos un poco adelante a ver a los autos que pasaban. Marcos y Filipe estaban fascinados, mientras que Gonzalo, Agus y yo tomábamos mate. Todavía nos faltaba un poco para llegar a Alta Gracia. Y peor, faltaba la parte de curvas en la sierra donde no se puede andar tan rápido. Bordeamos Córdoba y finalmente, Alta Gracia. Nos costó encontrar el hotel, pero finalmente, a las 23 h, estábamos entrando en el comedor donde nos esperaba la primera comida decente del día.