Vengo atrasada con el relato y les pido disculpas, pero el tema de acceder a Internet es más complicado de lo que parece. El sábado almorzamos en el hotel Aguamiel. Como les conté, el diseño era muy progresista y minimalista. Había sola 7 cuartos, muy bien decorados y lleno de detalles. Nos acostamos a descansar, pero fue casi imposible. Gonzalo saltaba, cantaba, conversaba… llegó el mediodía y tratamos de almorzar. Digo tratamos porque a pesar de ser muy elegante el lugar, el restaurante era casi nulo. Nos dieron unas pizzas con cara de ser congeladas y dos empanadas que debían ser del día anterior, todo a un precio exorbitante. Nos metimos a la pileta un poco y cerca de las 16.30 h empezamos a levantar campamento.
Cerca de las 18 h salimos hacia San Juan. La ruta no estaba en tan buenas condiciones, pero eso no impidió que Filipe pisara bastante el acelerador. Llegamos a San Juan cerca de las 23 h. Había enviado unos mensajitos a Luciana indicándole por dónde andábamos. Ella tampoco estaba en su casa, así que llegamos más o menos al mismo tiempo a la ciudad. Pasó a buscarnos y fuimos a cenar al restaurante de un conocido suyo, donde sus papás ya nos estaban esperando. Estaban Ana Paula, Luciana y Lorenzo, el pequeño miembro de la familia, con 6 meses. Santiago y Juan Cruz estaban en un campamento con unos primos y Mariano está viviendo temporariamente en Italia. Luciana nos hizo una pequeña excursión por la ciudad antes de ir al restaurante, pero realmente era tarde así que no podíamos perder mucho tiempo.
Entre charla y charla, cenamos y volvimos al hotel a la 1 h de la mañana. El hotel era muy simplecito. Era un apart hotel con 4 camas en un entrepiso y una cama matrimonial, sin olvidarnos del olor a humedad inolvidable.
Día 11: Llegada a San Juan