El 17 no me quedó otra que lavar ropa. Tenía como 5 bolsas de ropa sucia y poco tiempo. Tomé control de 4 máquinas de lavar y a medida que terminaba el proceso, metía lo que podía en las secadoras. Marcos protestaba a mi lado porque quería salir ya. Después de todo, él había elegido el paseo y podía prescindir de la ropa limpia pero no de ir a visitar la NASA – Kennedy Space Center. Llegamos a Cabo Cañaveral cerca de las 13.30 h y nos subieron a unos ómnibus para hacer la visita guiada, que empezó en una de las torres de lanzamiento. Al principio, todo es muy científico y lleno de nombres extraños, pero a medida que empezamos a conocer la historia del centro espacial y a entender los nombres y el proceso de despegue, eso tan abstracto, empieza a tomar una dimensión increíble.
En la segunda parada de la visita, vimos una película que nos ubicó en el tiempo cuando comenzó la carrera espacial entre Rusia y Estados Unidos. Después, pasamos a la sala de control desde donde se supervisó el despegue del Apolo/Saturno V. Parece mentira que esa máquina consiguió salir del suelo, volar hasta la Luna y volver (es la que dio la vuelta a la Luna). En el mismo galpón, hay una sala con trajes de astronautas y herramientas utilizadas para estudiar el material recogido y varias muestras de piedras lunares. En un rinconcito, hay un pedacito diminuto de piedra para que lo puedas tocar. Se te pone la piel de gallina al pensar de dónde vino la piedra (y sí, cuántos miles de personas ya la habrán tocado). Cuando volvimos al punto de partida, Marcos, Agus y Filipe se fueron a un simulador, mientras Gonzi y yo partimos hacia el pelotero. Igual de divertido… Volvimos a Orlando y decidimos cenar otra vez en el restaurante argentino.